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Columna Alternativa: Lo bueno, de lo malo

Columna Alternativa: Lo bueno, de lo malo

Lo bueno, de lo malo

Gustavo Mares

Más allá del mal juego que dieron los toros de Fernando de la Mora, que se lidiaron en la Plaza México el pasado domingo, vale la pena subrayar que el encierro, todo, tuvo una impecable presentación. Incluso un par de bureles de esa finca hidalguense arrancaron la ovación popular.

En cuanto al desempeño en el ruedo dejaron mucho qué desear por su falta de bravura y fortaleza. Sin embargo, lo bueno –dentro de lo malo-es que la ganadería divisa amarillo y blanco está bien definida, característica fundamental en las dehesas de primera línea. Es decir que todo lo que saltó al ruedo del coso grande fue más o menos parejo, con matices, pero parejo, hecho que le permitirá al criador hidalguense trabajar al respecto porque en cuanto al genotipo de sus bureles, tal pareciera que le ‘ha echado demasiada agua al vino’. No hay que olvidar que la bravura es un bien que si no se cuida se pierde demasiado rápido.

Durante la tarde del pasado domingo en la monumental, llamó la atención que los aficionados pidieron con ahínco una oreja para Sebastián Castella, quien cuajó una faena emocionante con un toro de regalo. Desafortunadamente, a la hora de oficiar con la toledana, la mano se le fue demasiado abajo.

En otras épocas, la lluvia de protestas habría sido impresionante. Pero el domingo en la catedral del toreo en América ocurrió todo lo contrario. El público abroncó al juez por no otorgar la oreja después del terrible bajonazo.

La reacción de los aficionados el pasado domingo vale la pena comentarla, porque es fiel reflejo de la época actual que vive la tauromaquia, hoy tan incomprendida. En este rubro, los medios de comunicación tenemos gran culpa porque nos hemos enfocado sólo a buscar la noticia en el mejor de los casos, cuando no sólo a criticar todo lo que se pueda.

Pero hemos dejado pasar de largo la importancia de escribir constantemente pensando en las nuevas generaciones, que requieren información fidedigna y puntual sobre el apasionante mundo de la tauromaquia.

Ahora mismo en que uno de los mayores problemas no sólo en la tauromaquia, sino de diversos rubros de la vida nacional, es la improvisación y falta de compromiso de las personas, el problema de la desinformación al interior de la tauromaquia mexicana se acrecienta, porque son contados los medios en los que colaboran profesionales de sobrada capacidad.

Hoy es habitual que cualquier persona se quiera acreditar como ‘periodista’, por el simple hecho de exponer sus pensamientos a través de las redes sociales, lo que ha dado al traste con una comunicación real y objetiva que pueda beneficiar el conocimiento y la comprensión de la tauromaquia más allá de los aficionados que gustan del noble arte de lidiar reses bravas.

El problema se acrecienta cuando este tipo de personas se incrustan en oficinas de prensa que deberían de tener personal altamente calificado. Pero, como suele decirse por ahí, en el pecado llevan la penitencia.

Renglón aparte merece el hecho de que cada día son  menos los espacios taurinos confiables y diarios para que la afición pueda satisfacer su necesidad de información en la materia. Hasta hace no muchos años, la mayoría de los periódicos importantes de circulación nacional tenían una sección taurina de primer nivel, con periodistas que ‘chanelaban’ en materia taurina. En la radio, la oferta de programas dedicados al Arte de Cúchares también era abundante. Hoy, muchos de esos espacios ya no existen.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué diestros tuvieron la fortuna de torear ayer a puerta cerrada en la plaza más grande del mundo?