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Columna ALTERNATIVA: Lo grupal y lo individual

Columna ALTERNATIVA: Lo grupal y lo individual

Lo grupal y lo individual

Por Gustavo Mares

La escena taurina de nuestro país, ahora mismo, es como la imagen de la ‘cara sonriente y la cara triste’ que representa el teatro. La afición mexicana no sabe si reír o llorar.

Por un lado, algunos promotores quieren dar toros; por otro, hay quienes ponen obstáculos.

Dentro de la oferta de festejos, hay quienes los han organizado de manera impecable, como en el estado de Tlaxcala.

En otros puntos de nuestro país también ha habido actividad y justo como sucedía hasta antes de la pandemia hay organizadores que logran montar eventos dignos de aplausos, como hay otros que dejan mucho qué desear y que incluso desde que se anuncian a través de los medios de comunicación sus proyectos ‘nacen muertos’.

Al mismo tiempo, algunas agrupaciones por cuidar sus intereses obstaculizan la celebración de estos carteles y sus razones muy válidas tienen.

En el marco de la ‘nueva normalidad’, los cuatro estamentos que integran el espectáculo taurino a través de un comunicado que circuló hace un par de meses, dejaron clara su postura en relación a los festejos celebrados a puerta cerrada vía streaming.

Consideran que no es saludable para la tauromaquia que se den festejos sin público, pues los aficionados son fundamentales en el desarrollo de un espectáculo taurino.

El toreo está más relacionado al mundo del arte, que al del deporte. Ahí radica la diferencia. En cualquier deporte, el marcador determina al ganador. No hay de otra. Quien marcó más ‘tantos’ es quien se lleva la victoria.

Pero en la tauromaquia no, porque es un espectáculo subjetivo que depende de la valoración de cada persona en lo particular. La concesión de apéndices no se puede comparar con la anotación de un gol. Ha habido ocasiones en que a algún torero le han negado los trofeos y aún así, por lo menos en nuestro país donde no están reglamentadas las salidas a hombros, los aficionados se han lanzado al ruedo para izarlo y sacarlo por la puerta grande.

Además, debido a modernidad, cada día es más difícil encontrar patrocinadores que inviertan en el noble arte de lidiar reses bravas. A diferencia del futbol, donde las transmisiones televisivas a puerta cerrada están inundadas de anuncios, en la tauromaquia son pocas las marcas que se atreven.

La postura a nivel de asociaciones se comprende. Sin embargo, del otro lado está el drama individual. No todas las personas, sean matadores de toros, empresarios, ganaderos o subalternos, tienen las posibilidades económicas para atravesar esta dura crisis sanitaria derivada del covid-19. Según expertos, esta pandemia tiene el mismo impacto que tuvo la Segunda Guerra Mundial, de ese nivel.

Es por eso no se alcanza a comprender por qué algunos organismos se han empeñado en luchar contra la celebración festejos, en vez de apoyar su celebración para que sus afiliados puedan generar un ingreso económico en estos momentos tan álgidos. Incluso les llaman a sus miembros para amenazarlos en caso de que decidan participar en ‘esos festejos’.

Por ejemplo, en la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros, ahora mismo atraviesan por muy serios problemas. Sostienen una controversia legal con el varilarguero Luis Miguel González, que hasta donde se sabe tiene a su favor el fallo de las autoridades. Agregue, que hace algunas semanas les hackearon la cuenta bancaria y se las dejaron en cero. Pero aún así, han sido reacios a enviar cuadrillas a algunos eventos. Pero no se niegan a hacerlo con empresas de ‘dudosa credibilidad’, sino que lo han hecho también con promotores establecidos y que se han significado por hacer las cosas con gran profesionalismo.

Ahora mismo, el sindicato de subalternos que hasta hace unos años era el más fuerte de los estamentos taurinos precisamente porque todos cerraban filas en una sola dirección, están más desunidos que nunca, lo que es caldo de cultivo para que pudiera surgir una nueva asociación.

A la par, el resto de las agrupaciones han llevado a cabo reuniones tan sigilosas, que a los participantes les hacen firmar un contrato de ‘confidencialidad’. Y está bien, cada quien maneja sus negocios como mejor le convenga. Sin embargo, es claro que a la mayoría de profesionales taurinos –afortunadamente no a todos- les ‘ha pasado de noche’ el eslabón más importante del espectáculo taurino: El público.

Salvo por las notas que la prensa especializada reportea, los profesionales taurinos no han tenido un contacto directo con los aficionados.

Esta omisión podría ser una ‘piedra en el zapato’ para la reactivación taurina, pues mientras muchos profesionales ‘juegan al misterio’, otros espectáculos han mantenido contacto directo con la afición que es al final del día y sin romanticismos ‘el cliente’, y al cliente hay que consentirlo, además que siempre tiene la razón.

Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Por qué?