Columna Alternativa: Pasos que pocos dan

Pasos que pocos dan

Gustavo Mares

Apenas la semana pasada hablábamos de lo importante que debieran resultar las gestas de los toreros, por encima del número de orejas en cualquier ‘tarde de toros’. Recordábamos que según la Real Academia Española, ‘gesta’ es el ‘hecho o conjunto de hechos dignos de ser recordados, especialmente los que destacan por su heroicidad o trascendencia’.
El pasado lunes, el mexicano Arturo Gilio debutó en la monumental madrileña de Las Ventas en el marco de la primera novillada de la Feria de San Isidro.
En el mítico coso de la calle Alcalá, el lagunero enfrentó un encierro de Los Maños, con astados astifinos y con más de media tonelada de promedio.
Quienes han seguido su desarrollo profesional sabían que a la ‘catedral del toreo’ saldría a jugarse la vida sin miramientos. No era difícil imaginarlo, si en más de un tentadero y delante de sementales se atreve a pegar arrucinas de hinojos.
En el primero de su lote salió al tercio.
A se segundo le había cuajado la faena de la tarde, cuando de repente en un natural el astado se quedó a media suerte, prendió al toreo, y en la arena el ‘novillo’, que aquí en nuestro país pasa como toro sin problema alguno, le pegó la cornada en la pantorrilla, que le atravesó.
La empresa del coso madrileño publicó en sus redes sociales el momento de la cornada. Sin embargo, aunque la toma es en cámara lenta, los subalternos que auxilian al torero herido impiden, como es lógico, una buena toma.
Hay algunas fotografías muy interesantes, entre éstas las de la lente del maestro zacatecano Manolo Briones, miembro del extraordinario equipo de NTR Toros, así como de la reconocida agencia EFE, en las que se aprecia lo espeluznante de la cornada.
En estas gráficas hay particularmente dos momentos, que se conjugan con el video de la empresa madrileña para dar cuenta de lo que podría considerarse una ‘gesta’.
Las imágenes captaron el momento exacto en el que el lagunero se observa lo tremendo de la lesión, mientras los subalternos se llevaban al astado.
En ese preciso instante el rostro de Arturo Gilio mostró el ser humano. Sus ojos expresaron la sorpresa del cate, que además fue su ‘bautizo de sangre’. Si uno se queda solamente con esas gráficas podría haberse pensado que el torero se fue directo a la enfermería de donde ya no salió, y además con justificada razón porque por el hoyo de la cornada se veía el otro lado del ruedo.
Pero no fue así. Impacta el video de la empresa madrileña, porque inmediatamente levantan al coahuilense rumbo a la enfermería y casi en el acto Arturo les dice que lo dejen porque continuará en la lidia.
Como no hacía falta saber medicina para intuir que la cornada era grave, los subalternos siguieron su marcha, pero no alcanzaron a dar ni tres pasos cuando la expresión del torero se endureció aún más y no hubo necesidad que dijera algo, pues al instante las asistencias le obedecieron.
Le dieron la muleta a Gilio, quien habrá caminado cinco o seis pasos rumbo al toro, cuando la pierna dejó de responder. Los pasos que dio, los que hayan sido con la firme intención de regresar a la cara del astado que le hirió, son una gesta.
Hubo quienes pidieron la oreja, pero la autoridad no la concedió. Tampoco fue mayoritaria la petición. Hay que decir en descargo de los tres toreros, que el público del lunes en la capital del toreo estuvo particularmente ‘frío’.
Quienes sí se percataron de la gesta del joven torero de Coahuila fueron varias empresas, que de inmediato se pusieron en contacto con el apoderado, por lo que no será raro que una vez reciba Gilio el alta médica se quedará algún tiempo por allá.
Después de ver la garra de Gilio, así como la de todos los que visten el traje de luces, no queda más que reconocer que así como la tauromaquia es el espectáculo más joven de los espectáculos antiguos, los toreros son los últimos héroes ‘mitológicos’ que existen en la actualidad.
Para finalizar, la pregunta de la semana: ¿Qué torero convaleciente es ‘ista’ de las palomitas de maíz con doble mantequilla?