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Columna ALTERNATIVA: Reporteros vs reporfans

Columna ALTERNATIVA: Reporteros vs reporfans

Reporteros vs reporfans

Por Gustavo Mares

A pesar de la cuarentena obligada por la crisis sanitaria, que azota a nuestro país con gran fuerza, la semana pasada el medio taurino mexicano salió del letargo, después de que se dio a conocer que en la Plaza Vicente Segura de Pachuca se habían lidiado varios toros a puerta cerrada, con tan mala suerte que en ese festejo cayó herido de gravedad un novillero huamantleco.

Los hechos, más allá de la ‘novela’ que se formó en torno a ellos, porque muchos de los involucrados ‘juraron y perjuraron’, que todo había ocurrido en un cortijo, tenían valor periodístico.

En la prensa la noticia se dio a conocer. Fueron contados los medios que dieron cuenta de eso. Curiosamente, la prensa escrita dio puntual cobertura a la información. En los medios electrónicos no todos lo hicieron así.

Más allá del trabajo reporteril, que lleva una metodología per se, en redes sociales muchos cibernautas que se ostentan como ‘periodistas’ se rasgaron las vestiduras. Argumentaron que ese tipo de noticias sólo desprestigian la ‘más bella de todas las fiestas’, demuestran que ‘el enemigo está en casa’, que ‘hay mala leche’. Frases hechas, pero válidas si se trata de un aficionado y no de alguien que se ostenta como ‘periodista’, porque con la tecnología vienen también nuevos conceptos, entre estos ‘reporfan’ y hay diferencias.

La enorme diferencia que hay entre un reportero y un ‘reporfan’, en la fuente que sea, lo delimitó muy bien lo ocurrido en la capital hidalguense. De un mismo evento hay dos interpretaciones.

Los reporteros vieron una nota principal de interés no sólo para el sector taurino, sino también para el empresarial, sindical e incluso del gobierno estatal. Así, de ese tamaño.

Los ‘reporfans’ vieron algo que se tenía que ocultar.

Las noticias se dicen. Ese es el trabajo del reportero. La actividad, que no trabajo del ‘reporfan’, es diferente. ¿Cuál?, hablar bonito de todo mundo para que les den un par de boletos. Algunos otros para cobrar ‘fama’ en redes sociales.

Los reporteros, de todos los medios –y que haya un profesional de este oficio que diga lo contrario, lo dudo-, trabajan casi las 24 horas del día. En esta época de crisis sanitaria, como diría el desaparecido maestro Ángel Fernández Rugama ‘me pongo de pie’ porque es tremendo el esfuerzo que hacen para poder editar un diario, crear contenido para algún portal web, o lograr entrevistas para la radio y la televisión.

Conseguir noticias se ha vuelto una odisea.

Del otro lado de la moneda, eso a los ‘reporfans’ poco les interesa porque son al final del día –iba a decir ‘reporteros de sillón’, pero no. Aunque en el gremio los hay (se vuelven) pero esa es otra historia- son simplemente ‘reporfans’.

Si en verdad los profesionales que cubren la fuente taurina hubieran tenido ‘dolo’ al momento de redactar la nota periodística no le habrían dado el enfoque que le dieron, sea cual sea el medio. Lo firmo. ¿Qué habría pasado si se enfoca, y se subraya muy bien, el hecho de que el coso pachuqueño es propiedad del gobierno municipal y en plena crisis sanitaria se entrevista al gobernador del estado al respecto? La historia, ahora mismo, sería diferente.

Hace muchos años, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, quien murió el 21 de septiembre de 1860, solía comentar: ‘Dígase la verdad, aunque sea motivo de escándalo’.

Al final del día, el trabajo del reportero es informar lo acontecido. Son otros, los que generan la noticia, son terceros. Los periodistas cumplen con dar a conocer el día a día.

Cuando un reportero se convierte en noticia, deja de ser reportero. Es una máxima que los periodistas, los de a de veras, saben.

Sobre el hecho de que esas noticias llegan a ‘oídos antis’ no creo que haya en pleno siglo XXI, quien crea que no las conocían incluso desde antes que la ‘prensa especializada’.

Para finalizar, la pregunta de la semana:

¿Volveremos a ver una corrida de toros como se solían organizar hasta antes de la crisis sanitaria?