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Columna Alternativa: Volver a lo básico

Columna Alternativa: Volver a lo básico

Volver a lo básico

Gustavo Mares

 

La fiesta brava, como la vida, poco a poco va cambiando. Antes, en los albores de la tauromaquia, se aseguraba que ‘el toro determinaba el toreo’. Cuando la sociedad dejó a un lado su ánimo torista y se enfocó en los hombres que visten de luces comenzó a señalarse que ‘el torero determinaba al toro’.

Hace todavía no muchos años, ir a una plaza de toros representaba un gran acontecimiento, no sólo por el hecho en sí de atestiguar las hazañas de esos valientes enfundados en un traje de seda y oro, sino también por todo lo que rodeaba un festejo taurino.

Era habitual ver grandes personalidades en los tendidos en todas las corridas de toros e incluso también en las novilladas. Ir a la Plaza México y a otros cosos era día de fiesta.

Hasta hace no mucho (sin tomar en cuenta la pandemia), tomando en cuenta que la tauromaquia es ‘el espectáculo más joven de los espectáculos antiguos’, se encontraba uno en el coso taurino a grandes artistas, cantantes, deportistas y personalidades de diferentes ámbitos. Hoy, salvo en ocasiones seleccionadas, los famosos brillan por su ausencia en las plazas de toros.

Había tardes, algunas de  sábado, por ejemplo, en las que la propuesta taurina era abundante e incluía par de novilladas prácticamente en la Ciudad de México, a la una de la tarde en la Plaza Luis Castro El Soldado, hoy Arroyo, y posteriormente en el coso Joselito Huerta en Atizapán, Estado de México. Además eran transmitidas en vivo por televisión.

Según la época del calendario había también corridas de toros de feria relativamente cercanas a la capital y en toda la geografía mexicana.

Inmerso desde hace 29 años en el periodismo taurino este reportero atestiguó el respeto con el que las personas, más allá de ser taurinas o no, trataban a los colegas de la fuente. ‘Es cronista taurino’ decían con admiración y respeto.

Pero todo ha cambia. Hoy esa abundante propuesta de carteles en un solo fin de semana ha desaparecido. Las ferias, que antes daban hasta una docena de festejos o más, prácticamente ya no existen.

Ese respeto y admiración que antes se dispensaba a todo lo que rodeaba a la fiesta brava también se ha ido diluyendo. Hogaño es habitual escuchar a algún colega decir ‘prefiero simplemente decir que soy periodista, pero no de toros para evitar problemas’.

Cada día son más los toreros que ven pasar el tiempo sentados en la sala de su casa por la falta de oportunidades y es que, también a diferencia de otras épocas, la administración de los toreros ha evolucionado. Antes, la figura del apoderado cobrara especial relevancia.

Hoy, el apoderado o representante como antes se le conocía también es una especie en peligro de extinción. Son contados los hombres que actualmente pueden decirse con orgullo ‘apoderados’. Porque sí los hay.

Sin embargo, la mayoría han sido ‘devorados’ por los grandes conglomerados o ‘casas de apoderamiento’ que deciden el futuro económico y profesional de sus representados. Ha cambiado tanto el medio taurino que hasta se realizan tientas ‘con luz y sonido’.

Quizá, la fórmula más sencilla y al mismo tiempo la más difícil, para recobrar la bonanza que algún día se vivió en materia taurina en nuestro país, sería regresar a lo básico: un toro hecho y derecho, en puntas, frente un torero dispuesto a ‘cortarle las orejas’, sin importar que pertenezca a determinado grupo o apoderado. Es más, sin importar si tiene un estilo ortodoxo o heterodoxo.

Para concluir, la pregunta de la semana: ¿Habrá llevado dedicatoria el toro de Apizaco?

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