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Columna Torerías: La fiesta que queremos

Columna Torerías: La fiesta que queremos

La fiesta que queremos

Por Luis Miguel Martínez

Amigos, la palabra evolución tiene una raíz griega que nos da por definición dar vueltas hacia afuera. Es decir, las cosas pueden ir de algo simple como la aparición del sapiens, hasta evolucionar al ser humano.

Con las complejidades que ahora le caracterizan. Es decir, no cambió, sino que evolucionó. ¿Qué le hizo evolucionar? Pues la necesidad de permanecer en el planeta.

Ahora bien, la fiesta taurina de nuestra región ha probado los sin sabores de una pandemia, lo que provocó el cierre obligado de muchas plazas de toros en el mundo. Puebla no fue la excepción. Pero finalmente se reabrió la plaza. Tuvimos un tiempo prudente para reflexionar sobre cuál es la fiesta que queremos.

La afición de El Relicario de Puebla hizo el pasado viernes 17 la mejor entrada del serial de cuatro festejos. Tal vez medio aforo de un recinto al que le caben casi cinco mil espectadores.

En una taquilla cuyo acceso oscilaba desde los 300 pesos el más económico hasta los 1200 barrera de primera fila sombra, en concreto ¿qué motivó a la afición para regresar a su plaza?

Es importante reconocer que la fiesta taurina que tenemos puede cambiar, pero no evolucionar. Evolución implica un salto, un crecimiento y esto es simple: mejorar.

La responsabilidad es de cada uno de los que participamos en esta actividad. Pero el ánimo y deseo evolutivo de la fiesta tras la pandemia, nos debe aplicar a todos, desde el puesto más elemental hasta la responsabilidad de mayor jerarquía.

Porque la fiesta brava que queremos es la fiesta brava que tenemos. Plazas de muchas partes del mundo sin excepción de México nos han dado claro ejemplo de una fiesta taurina evolutiva, es decir, con muchas mejoras.

Desde las instalaciones como corraletas y baños para el público, uniformes para los trabajadores, combinación de carteles hasta la presentación del ganado. Pero se requiere de una buena dosis de introspección para ese salto hacia adelante.

Como diría Jaime Luciano Balmes “solo la inteligencia se examina a sí misma”. Pensemos en la efectividad de la carpeta de producción que lleva la plaza de toros El Relicario o cada uno de los engranes que permitió el aforo que se tuvo el viernes pasado y cómo mejorar esa entrada. Así mismo, valdría la pena preguntarnos cómo queremos mejorar quienes de alguna manera participamos, orientando nuestros esfuerzos en una misma dirección, medios de comunicación mejor preparados, ganaderos éticos, toreros profesionales.

En conclusión, las plazas de toros seguirán mostrando una fiesta taurina chica, mediana o grande dependiendo el nivel de compromiso que asuma cada participante. Es tan simple como imaginar que el ruedo es un enorme espejo donde se refleja el rostro de la fiesta que hoy tenemos, pero la duda es ¿y está evolucionando para permanecer?

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