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El diestro Bernardo Rentería, ejemplo de superación; tras afrontar dos suicidios en la familia y fuerte adicción hoy es sicólogo… y tiene una misión de vida

El diestro Bernardo Rentería, ejemplo de superación; tras afrontar dos suicidios en la familia y fuerte adicción hoy es sicólogo… y tiene una misión de vida

Por Gustavo Mares

La tauromaquia es una escuela de vida. Quien diga lo contrario no sabe lo que habla. El matador de toros en retiro, hoy sicólogo recién graduado, Bernardo Rentería es prueba de ello. Como Dante en la ‘Divina Comedia’ descendió a los infiernos. Experimentó el suicidio de dos de sus hermanos y tocó fondo por las adicciones, pero justo como en su carrera de torero, un día se levantó ‘sin verse la ropa para echar pa’lante’.

El valiente torero de Tacubaya es un triunfador de la vida. Después de todas las experiencias que carga, incluido ese pensamiento de querer arrebatarse la vida, hoy es un hombre pleno y con otro nivel de conciencia que le motiva a ayudar a las personas que como él han transitado el infierno. Hoy puede decir orgulloso que desde hace más de trece años ‘está limpio’.

EL INICIO

Sicólogo y próspero empresario en el ramo del reciclaje, abre su corazón: ‘Mi padre es artista plástico y de niños vivíamos en una casa espectacular, muy grande. Con salón de fiestas y estudio para pintar. Todos teníamos recámara individual. Pero la casa era rentada y un día nos la pidieron. Creo que en ese momento comenzó a desmoronarse la familia’.

‘Un día encontramos a mi hermano Gabriel, de quince años, ahorcado en una viga. Se suicidó. Fue terrible. Todos cargamos con la culpa. En ese momento, otro de mis hermanos, Mauricio, juró que igual que mi hermano se arrancaría la vida cuando cumpliera quince años. El tenía diez’.

‘Pasó el tiempo. Llegó esa fecha, pero no lo hizo. Mientras tanto yo ya estaba instalado en torero. Esa es mi vocación. Tomé la alternativa y había planes muy buenos. Desafortunadamente aunque ese día triunfé también me pegaron un cornadón que me lesionó el nervio ciático. Fueron dos años inactivos. Cuando volví ya había cambiado la escena taurina’.

BURLAR LA MUERTE

Rentería no aflojó el paso y continuó con la profesión de torero, hasta que un día tomó la difícil decisión de retirarse. ‘Cuando eres torero por vocación y dejas de torear, no encuentras algo que te llene como ser humano. Estás acostumbrado a burlarte de la muerte y no hay algo más que te haga feliz. Ninguna actividad te proporciona el placer que da torear’.

‘Para llenar esos huecos me fui por el camino del alcohol y las drogas. Me hice adicto a la cocaína. Al mismo tiempo, mi hermano Mauricio trabajaba, pero también cayó en las adicciones. Justo como yo también fue anexado en un centro de rehabilitación’.

‘En un momento determinado, mi hermano se perdió muchos días y no lo encontramos. Varios días después los vecinos nos informaron de un olor muy fuerte que se desprendía de aquella bodega en la que hace años encontramos a mi hermano. Llegaron los bomberos y se percataron de todo lo sucedido. Nadie de mi familia, sólo yo entré a verlo. Ahí estaba en otra de las tres vigas. Recuerdo perfectamente bien la escena y también los fluidos debajo del cuerpo. Ya estaba recuperado de las adicciones’, confiesa.

‘En ese momento me di cuenta que tenía que hacerme responsable de mis sentimientos. Fue muy duro. Con el paso del tiempo me pasó algo curioso y es que escuchaba a mi hermano Mauricio decirme “vente para acá, vamos a estar mejor”. Incluso veía a mi hermano Gabriel pero ya grande, no como cuando decidió irse’.

LO IBA A HACER

‘Fue entonces que un día en un negocio que puse con mi ex esposa vi en el suelo aquellos fluidos y al mismo tiempo pasó un camión de bomberos. Se recrearon en mi mente esos momentos y supe que había llegado la hora. Había tres vigas. Mis hermanos se colgaron en las exteriores y sólo quedaba la viga de en medio, justo como un paseíllo en el que el torero más joven va en medio. Me dirigí a ese lugar para hacerlo, pero algo obró en mí y Verónica, mi ex esposa, me ayudó muchísimo. Fuimos al siquiatra y pude salir adelante’.

Bernardo Rentería, quien llegó a pesar 90 kilogramos, treinta más de lo recomendable para su talla, resurgió de sus cenizas.

Graduado como sicólogo, ahora mismo cursa un diplomado de ‘Coaching de Vida’, que espera poner pronto a disposición no sólo de toreros sino de las personas que como él, afrontan cualquier situación y le salen ‘al de negro’.

‘Cuando terminé con los siquiatras me di cuenta que podía hacer más que ser torero y decidí estudiar sicología. Fueron cuatro años de mucho trabajo, pero vale la pena’.

Hoy, completamente recuperado, con gran humildad confiesa: ‘Cada día es una lucha que le debes ganar a tus fantasmas. El recuerdo de todo lo que ha pasado, de mis adicciones y mis problemas ahí está, pero ahora se enfrentarlos y dominarlos, justo como lo haces en el ruedo con un toro bravo’.

¡Ole por los toreros chipén!