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¡En terapia intensiva, el campo bravo hispano!

¡En terapia intensiva, el campo bravo hispano!

Carlos Espinal, Especial

‘A la ganadería, cuando no le atacan los zorros o lobos, le viene una pandemia y no puede vender los productos. Cuando no las bajas por saneamiento en accidentes o sacrificio por “positivos”, cuando no una nevada y es una tragedia por las bajas temperaturas y el elevado coste de la alimentación’, manifiesta en sus redes el ganadero español Polo Saíz, quien suma una década como criador de bravo en la península hispana.

Y es que al primer ‘corte’ de la pandemia, según el ganadero español Carlos Núñez, en la última entrevista que concedió al programa  ‘Entorilados’, en calidad de presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, en mayo de 2020, la cabaña brava ibérica había perdido alrededor de 70 millones de euros debido al covid-19.

En el último corte, en pleno otoño, la friolera alcanzó los 100 millones de euros y contando. De acuerdo a Antonio Bañuelos, actual titular de la agrupación de criadores españoles, entre otras cosas por haber dejado de lidiar más de diez mil reses bravas en diversos festejos de todo tipo.

FRENTE FRÍO

Con la llegada del invierno, en el peor año en la historia del campo bravo español,  el sector logró algunos apoyos económicos, sin embargo, con el reciente frente frío y la llegada de nieve, ha dejado en jaque a los ganaderos ante la imposibilidad siquiera no sólo de adquirir alimentos, los cuales por cierto andan por las nubes, sino poder darse paso entre la espesa nieve para poder al menos alimentar al ganado o brindarle cuidados veterinarios de urgencia, lo que además ha provocado, bajas en crías recién paridas o destetadas, ganado con edad o enfermo.

Con la subida de los insumos, en especial del pienso, los animales han depreciado más que nunca su valor, ya que ni siquiera el rastro parece reponer al cien por ciento su costo.

Las medidas, aunque extremas, parecieran no ser suficientes a pesar de que el número de vientres se ha visto reducido entre un 30 y 50 por ciento. Hay ganaderías con el mínimo de ejemplares con riesgo inminente de desaparición, que el matadero ha dejado de ser opción al menos de recuperación íntegra del animal y ganancia para la manutención de los gastos fijos de la dehesa.

En el olvido quedaron los gastos de los últimos cuatro años, porque la bravura y la escrupulosa manutención de los animales ahora se paga a precio de carne y sólo queda por delante la hipoteca… o la ruina.

EXIGENCIAS

La afición se agota, los medios también y las exigencias crecen. El campo bravo ibérico desde lo económico y ecológico vive una película de terror no rentable, sufrida en carne propia y en el bolsillo por los ganaderos, que increíblemente  siguen de pie, ‘tintos en sangre’, casi agotados pero aún orgullosos, anteponiendo las necesidades e integridad de sus animales a las suyas propias.

Bien valdría la pena preguntarse: ¿Y los lobbies animalistas, los políticos oportunistas y los antis, dónde están? Ellos, que tanto dicen defender a un animal, donde está ese tal ‘Peter’ que conoce todo el mundo taurino con sus ‘heroicas proezas de tirarse’ y toda esa hipocresía de bandera antitaurina que usan a costas ‘del de las patas negras’ para recaudar miles de dólares en sus plataformas.

EN LA TRINCHERA

La realidad es que el ganadero es el que está en la ‘trinchera de la guerra’ en la que se pone al toro por bandera, el que hace ahora surcos entre la nieve para que un futuro haga surcos por la arena de los ruedos. Pero falta mucho por recorrer. No se sabe cuánto tiempo durará esta película, pero es seguro que el taurino estará ahí en la ‘trinchera de guerra’.

Los ganaderos luchan en ‘tres batallas’: La de la terrorífica pandemia, la de los políticos y antitaurinos oportunistas, y la del invierno más cruel que se recuerde.

Si el campo bravo hispano logra sobrevivir a las duras condiciones climáticas, deberá enfrentar otro escenario difícil e incierto como el primero, la crisis económica por el covid-19.