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Firma Bolívar tarde de dos orejas en Manizales, Colombia

Firma Bolívar tarde de dos orejas en Manizales, Colombia

Manizales (Colombia).- El diestro colombiano Luis Bolívar resultó triunfador de la cuarta corrida de abono de la Feria de Manizales, en el centro de Colombia, al cortar las dos orejas al segundo ejemplar de la corrida de la ganadería de Juan Bernardo Caicedo, para hacerse al pasaporte de la Puerta Grande de la Monumental.

Los toros del hierro que pasta en inmediaciones de la Sabana de Bogotá fueron sosos y escasos de fuerza en general, con la excepción del segundo de la tarde. Los españoles Enrique Ponce y Pablo Aguado no obtuvieron trofeos.

FICHA DE LA CORRIDA

Seis toros de Juan Bernardo Caicedo. Desiguales de presentación y con pocas opciones por su sosería y falta de fuerza. El quinto tuvo genio.

Enrique Ponce, azul pavo y oro, pinchazo y dos intentos de descabello. Saludo desde el tercio. Dos pinchazos y descabello. Ovación.

Luis Bolívar, azul turquesa y oro. Espadazo y dos orejas. Espadazo y ovación.

Pablo Aguado, berenjena y oro. Pinchazos y media espada. Palmas tras aviso.

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LUIS BOLÍVAR, PUERTA GRANDE EN CUARTA DEL ABONO DE MANIZALES

Un nuevo suceso de los toreros colombianos en la 65 Feria de Manizales. Esta vez a cargo de Luis Bolívar, quien desorejó al segundo de la tarde, en faena madura y exquisita.

Todo comenzó con el valenciano Enrique Ponce, quien se abrió de capa y temple ante un toro que apuntó a ser justo de fuerza y de fondo. Y así se comprobó en la muleta donde se iba de manos de manera permanente. Pero Ponce se las arregló para mantenerlo en pie y templarlo en viajes cortos. Faena de lidiador. La técnica mandó y abrió espacios a ratos de arte. Pinchazo y saludo desde el tercio.

Muy pronto, Luis Bolívar retó al toro en los medios, donde el de Juan Bernardo Caicedo aceptó dar pelea. Ahí sobrevino el primer momento importante del turno, en un quite de pies firmes de Bolívar que encontró respuesta en los tendidos.

Tras brindar a los asistentes del casi lleno que registró la Monumental, electrizó con cambiados por la espalda. Y luego lo llevó templado en pases largos que encarnaron poder. Y si los derechazos tocaron la sensibilidad de todos los rincones de la plaza, los naturales no se quedaron atrás. Faena grande. Espadazo y dos orejas.

Una verónica de esas que se quedan para siempre sirvió de buenas tardes para la llegada de Pablo Aguado al corazón de los manizaleños.

El toro, tercero de la corrida y corto de fuerza, fue noble y con calidad. Para seguir los vuelos de la muleta, puesta a media altura. El fondo y los detalles se sumaron para obtener el favor popular, ante una pieza hecha de belleza y sentimiento. Pero la espada no pudo redondear la obra. Palmas tras aviso.

Enrique Ponce recogió a su segundo enemigo con lances que dejaron ver el recorrido largo de este. Al menos en esas suertes iniciales. Pero todo quedó a mitad de camino cuando el animal se malogró y la Presidencia ordenó su devolución.

El bis padeció de sosería desde un principio. Aparte de salir suelto. Surgió entonces la operación salvación a cargo de Enrique Ponce. Primero, hecha con suavidad, la que en realidad llevaba envuelto el mando en los vuelos del trapo rojo. Hizo cuanto pudo para sostenerlo en terrenos dignos, más no fue posible, porque el toro se rajó. Pinchazos y descabello. Ovación.

El quinto fue devuelto por problemas en una de sus extremidades, al igual que su hermano.

Llegó entonces el quinto bis, que irrumpió con ímpetu en la arena y se atoró luego en los bajos del caballo hasta producir un tumbo involuntario. Luego del brindis a Enrique Ponce lo citó de largo para verlo, hincado, llegar a su jurisdicción.

De la aparente raza inicial, y a veces el genio, el toro se fue quedando escaso en sus embestidas para rayar enseguida en la violencia excesiva. Lo cogió al entrar a matar, sin mayores consecuencias. Ovación.

Quedaba el sexto, un jabonero sucio de pelaje. Con clase, Pablo Aguado sirvió de enfermero para sostener en pie al animal, sin abandonar su línea clásica y su arte caro. Hubo muletazos en cámara lenta. Pero la espada no entró.