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Hace 140 años “Chicorro” cortó la primera oreja

Hace 140 años “Chicorro” cortó la primera oreja

 

Por ADIEL ARMANDO BOLIO

En esta época del año en que el calendario taurino se ve mermado en su actividad en cosos del país debido a la época de lluvias y porque algunos diestros, empresarios y ganaderos se trasladan a Europa para presenciar parte de la temporada taurómaca del Viejo Mundo, se antoja “echar un ojo” a la historia de la Tauromaquia a través de su extensa y rica cultura.

Como se recordará, hace una semana recordamos el origen de la montera en la especial y singular vestimenta del torero de a pie, sobre todo porque se están cumpliendo 181 años del surgimiento del tocado torero gracias a la inventiva del visionario espada chiclanero Francisco Montes “Paquiro”.

Bien, ahora lo que queremos traer a la palestra es el ¿por qué? del otorgamiento de los apéndices en los festejos taurinos, una oreja, dos orejas y las orejas y el rabo de acuerdo a la intensidad y contenido de la faena realizada por un diestro en el ruedo de una plaza de toros.

Así que hicimos una inmersión literaria en los libros y encontramos que este 2016, en octubre próximo, se cumplirán 140 años de haberse concedido la primera oreja como tal y ello correspondió al espada andaluz José Lara Jiménez “Chicorro”.

Precisamente el corte de los apéndices en festejos taurinos se origina en el siglo XVIII debido a una costumbre humana y entrañable, misma que pusieron en vigor los Caballeros Maestrantes de Ronda y de Sevilla, propietarios a su vez de las respectivas Plazas de las Maestranzas, cuando éstos regalaban el toro muerto y arrastrado al espada que se había lucido en su lidia para que éste invitara con las carnes del animal a su cuadrilla, amistades y acogidos a centros benéficos.

Sin embargo, al pasar el tiempo se comercializó el negocio y se arrendó en las Maestranzas el servicio de carnes de las plazas, es decir, que los contratistas adjudicatarios ya no podían perder sus ganancias regalando la carne a nadie ya que ese era su negocio. Por lo tanto, los Maestrantes instauraron como trofeo simbólico de la entrega de todo el toro, entregar al espada triunfador una oreja del burel estoqueado y vencido, concediéndose únicamente a los matadores como obsequio excepcional si habían triunfado al oficiar certeramente con la espada.

En aquella época entonces una oreja simbolizaba la entrega del toro completo, el máximo galardón, por lo que el diestro la presentaba en el desolladero como justificante de que le acreditaba con derecho a recoger la res. Con el tiempo, la premiación fue cambiando debido a que grandes faenas se percibía eran poco valoradas con el obsequio de una oreja, sin embargo no era viable la entrega de dos o más toros por lo que se generó más tarde una nueva forma de entrega: Por una oreja al torero le daban un cuarto del toro; por dos orejas, medio toro y por las dos orejas y el rabo le daban el toro entero. El torero en consecuencia tenía dos alternativas, o vendía la carne para ganar dinero o bien se reservaba algo para él y su familia

Posteriormente, empresarios y asentistas cambiaron esta costumbre de la oreja por una onza de oro y por tanto a cambio de res. Los matadores en respuesta rechazaron el ofrecimiento al considerarlo como una limosna.

Así pues, la primera oreja concedida en España tuvo lugar en Madrid, al matador de Algeciras José Lara “Chicorro” por su faena al toro llamado “Medias Negras”, de la dehesa de Benjumea, el 29 de octubre de 1876 y con el rey Alfonso XII en el palco real.

La segunda oreja la cortó el 2 de octubre de 1910, 34 años después, en la misma plaza el espada Vicente Pastor al toro “Carbonero” de Concha y Sierra. Sevilla no concedió la primera oreja hasta el año 1915 y lo hizo a su paisano José Gómez “Joselito”, el 30 de septiembre, fecha en la que se encerró en la Real Maestranza con seis astados de la ganadería de Santa Coloma. “Cantinero” fue el nombre del toro desorejado por el afamado torero de Gelves (Sevilla).

Con el tiempo se pasaría a dos orejas, de éstas al rabo y de éste a las patas, que ha llegado a concederse en numerosas ocasiones, volviendo así de alguna manera la Fiesta Brava a la primitiva costumbre de otorgar la totalidad del toro al toreo o a buena parte de él.

Actualmente, de acuerdo al reglamento taurino vigente en todas y cada una de las plazas de toros, dependiendo de la localidad donde se encuentren, existen para la autoridad bases y criterios para la concesión de una oreja, dos orejas y las orejas y el rabo, mismas que provocan conflictos entre el público y la propia representación de la autoridad al concordar en la decisiones finales para premiar la faena de un torero en el ruedo.

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