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JUAN FERNANDO, valiente diestro norteño, NARRA el SECUESTRO que vivió

JUAN FERNANDO, valiente diestro norteño, NARRA el SECUESTRO que vivió

La fecha del 8 de marzo de 2009 es imborrable para el diestro regiomontano Juan Fernando, quien ese día cumplió uno de los más grandes anhelos de todos los que visten de luces: tomar la alternativa. Sin embargo, por la noche, lo que había sido miel se trocó en hiel porque fue secuestrado por el grupo de los Z.

Fue en Cadereyta donde recibió el abrazo en una atractiva combinación en la que actuaron el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, y a pie, Enrique Espinosa ‘El Cuate’ y Alejandro Amaya, con toros de Golondrinas. El burel de la ceremonia se llamó ‘Triunfador’ y vaya que el norteño es un triunfador de la vida.

Tras el festejo y después de llevar personalmente a toda su cuadrilla tanto a casa como a la central de autobuses enfiló para Monterrey. Llegó a su hogar entrada la noche y salió a comprar unos tacos en compañía de su esposa. Se los dieron para llevar y regresó.

Justo cuando iba a entrar sintió en la cabeza el frío metal de una pistola.

PENSÉ…

‘Inmediatamente pensé que era un asalto. En ese momento, en casa, tenía un negocio de café internet. Llévate lo que quieras’, dijo el toricantano.

‘Les dije que era torero y que había dado ride a unos amigos. Ese día el toro me agarró y me dejó un rayón muy grande de la pierna al pecho. Me levanté la camisa para enseñarles y la situación se puso muy tensa, pensaban que iba armado’.

Fueron apenas segundos, pero al torero le parecieron eternos. ‘Mi esposa gritó y de otros vehículos bajaron personas armadas con AK-47. Me preguntaron que qué había estado haciendo en Cadereyta. Yo no sabía lo que pasaba. Los vecinos comenzaron a salir, había gritos y jalones. ¡Súbanlo’, dijeron y me treparon a un auto. Mi esposa alcanzó a quitarme el teléfono que llevaba’.

‘Tomaron rumbo a Nuevo Laredo y de repente me taparon la cara. Llegamos a una especie de lote abandonado y ahí me retuvieron. Me pegaron y me insultaron a más no poder. En todo el tiempo que estuve ahí no me dieron ni siquiera agua’.

‘Había una persona en particular que era sumamente agresiva. Había también alguien que era más tranquilo y que incluso me dijo que había visto las noticias y que comprobó que en efecto, que yo era torero’.

ESE SONIDO

Juan Fernando González, apoderado por Roberto Panini, no había tocado públicamente este tema. ‘Se enteraron el maestro Eloy Cavazos y Alejandro Amaya, con quienes llevo gran amistad’, reconoce el torero, que no es fácil que hable de su vida personal.

Tras una pausa, recuerda el momento más dramático que vivió aquellos momentos: ‘En algún punto de la noche, con la cara tapada y escuchando groserías, alguien me dijo “agacha la cabeza” y cortó cartucho. Pensé que hasta ahí llegaría, que sería mi fin. Son fracciones de segundo, pero pasan por tu mente mil pensamientos. Ese sonido del arma cortando cartucho lo tengo muy presente’, confiesa.

BREVE RETIRO

Afortunadamente las cosas no pasaron a mayores y poco después de un día de permanecer cautivo, sus secuestradores lo liberaron: ‘Estuvieron hablando a la casa, negociando. La verdad no se qué pasó, pero me soltaron al día siguiente, de madrugada en la Avenida Gonzalitos. Jamás le he preguntado a mi papá qué fue lo que ocurrió o qué le dijeron. Es un tema que tengo guardado muy dentro de mí’.

Después de esos terribles momentos, el torero optó por retirarse de la profesión: ‘En la alternativa las cosas no rodaron bien y después de todo lo que pasó decidí retirarme sin hacer ruido. Pasé un año alejado de los ruedos’.

RENACER

Tras el amargo suceso se fue a vivir con la familia a Acapulco. ‘Un año después me buscó la empresa de Monterrey y pude cortar tres orejas. En esa corrida estaba el maestro Eloy Cavazos y me programó a la siguiente semana en el festejo del Hospital Universitario y también pude triunfar. Ese mes toree cuatro tardes y me fue muy bien’.

‘A partir de ese momento retomé el camino y sigo en la brega’, señala el regiomontano que es claro ejemplo que los toreros son ‘ejemplo de vida’.

A la fecha ha podido sumar alrededor de 38 festejos y un importante número de festivales.

Aún en época de pandemia ha participado en muchos tentaderos en ganaderías como El Vergel, Julián Hamdan, Núñez del Olmo y Golondrinas, por mencionar algunas.

Debido a la falta de festejos, durante esta época ha tenido que buscarse la vida con actividades alternas.

De aquel momento que marcó su vida han pasado casi doce años. Hoy, el valiente torero mira la vida con optimismo, padre de dos hijos y felizmente casado, reconoce que tras la ‘sacudida de vida’ que experimentó es un hombre pleno y con gran crecimiento espiritual.

SECUELAS

Juan Fernando reconoce que después de los momentos amargos que vivió, quedan duras secuelas: ‘Los golpes y las groserías quedan en un segundo plano. Pero te queda mucho miedo, mucha sosobra. Durante algún tiempo no salía de mi recámara y sólo me asomaba por la venta. Al día de hoy me causa malestar escuchar el sonido de un arma que corta cartucho’.

COVID

El diestro regiomontano Juan Fernando sufrió de covid-19, afortunadamente su caso no pasó a mayores. Sin embargo, su padre también contrajo la enfermedad y pasó difíciles momentos: ‘En estas fechas me dio covid-19 y mi papá también se enfermó. Yo salí pronto, pero mi padre estuvo muy grave. Pensé que lo perdería. Afortunadamente salió adelante y ya está bien’.

‘Cuando lo vi grave en casa me imaginé lo peor y lo llevé a un hospital. Fue angustioso porque no había sanatorios hasta que finalmente lo pude ingresar en uno’.

Con su padre grave en el hospital, el torero tuvo que ir a tentar porque ya se había comprometido con el torero. ‘En lo personal me cuesta mucho expresar mis sentimientos, pero ese día en particular delante del toro pude externar todo lo que sentía, fue una catarsis. Por eso es que el toreo es un arte, porque el arte te permite expresar lo que llevas dentro. Afortunadamente mi padre se curó’.