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PROFUNDA y EMOTIVA carta de ALBERTO HUERTA habla del INFIERNO QUE VIVIÓ

PROFUNDA y EMOTIVA carta de ALBERTO HUERTA habla del INFIERNO QUE VIVIÓ

 

El matador de toros Alberto Huerta volverá a la actividad después de varios años de ausencia. Está anunciado este domingo 9 de agosto en la plaza poblana de TETELA DE OCAMPO, donde alternará en mano a mano con Ernesto Javier ‘El Calita’, con toros de Julián Hamdan, en festejo en el que también actuará el novillero Héctor Gabriel, con un burel de Gonzalo Iturbe.

Es el propio torero, quien de puño y letra, con el corazón en la mano, escribió una carta intensa en sentimientos y confesiones. Una misiva en la que deja al descubierto al ser humano, al torero, al padre, al hijo… Habla desde lo más profundo de su ser del pasado, el presente y el futuro.

Así pues, le presentamos la carta firmada por el propio torero. Un documento valioso que deja de manifiesto, una vez más, que los toreros están hechos de un material diferente, pues cuando parecía que todo estaba perdido para el diestro, como toro bravo se crece al castigo y está de vuelta.

 

A CONTINUACIÓN, LA CARTA:

Hace 4 años al llegar al cuarto del hotel en Cadereyta, Nuevo León, después de matar una corrida (agosto de 2011) en la que si bien no triunfé, tampoco fracasé, me pasó lo peor que le puede pasar a un torero: que no pasara nada. En ese momento decidí colgar el traje de luces.

Me miré al espejo y como cortometraje, comenzaron a venir imágenes de mis once años de alternativa y un par más de una carrera de novillero que hoy día es recordada. Triunfos y fracasos que repartía mi suerte. Corridas “duras” como nombran algunos o aquellas que las “figuras” no se atreven a matar, y bueno, pues hay que tragar.

Como bien reza la frase “toro grande, dinero chico” es lo que he visto en mi carrera. Gracias a Dios, y a una técnica bien aprendida, además de una intuición innata es lo que me permite escribir estas letras.

Los mediocres empresarios, las pseudo empresas, los toreros consentidos por éstos mas no por la afición. Toreros que pagan y empresarios que prefieren un peso en el bolsillo que repartirlo al torero. Las promesas de un ‘más adelante’, los contratos incumplidos y una fiesta donde la palabra ya no es una ley, es lo que hizo preguntarme ¿qué está pasando?…O más bien ¿qué me está pasando?

Con la ausencia tan dolorosa de la pérdida de mi padre que fue mi mejor amigo, maestro, ejemplo e ídolo (que en Gloria de Dios esté) recibo el ultimátum con un diagnóstico clínico que a mi señora madre le quedaba no más de un año de vida, pues un cáncer agresivo y mortal invade su organismo.

Me quedo huérfano y dentro de mi despierta la ira y la rabia de no haber podido tener más tiempo para poder honrar a mi padre y a mi madre y me inunda la soledad ,impotencia y dolor… El alcohol me ayuda a verlo todo más fácil. Comienzo por una vida social y sin darme cuenta voy tomando cada día más, cayendo en el abismo de esta enfermedad que es bien catalogada como progresiva y mortal.

Así se pasan estos últimos tres años de mi vida, sin importame nada ni nadie. La pregunta era ¿quién soy? No lo sé, y es más, ni quiero saberlo. Uno de los múltiples efectos del alcohol es el aumento de peso y llegué a pesar 16 kilos arriba de mi peso acostumbrado de torero. Ni del toro ni del torero quería escuchar más’.

LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Hace nueve meses se inicia el proyecto de crear una nueva escuela taurina en Querétaro y me buscan para formar parte de ella como director y maestro’.

Poco antes de aceptar, caigo en un estado muy avanzado de alcoholismo en el que me tomaba botella y media diaria, y las consecuencias físicas, psíquicas y de fe que esto conllevan hacen un infierno cada día de mi vida’.

DIOS DE BATA BLANCA

En esas fechas apreció el padre de un novillero con grandes cualidades para despuntar y llegar muy alto en la fiesta brava. Con buen ojo clínico me ve, me escucha y me dice que la única salida consiste en que tendría que dejar de tomar, pues de seguir así, mi final hubiera sido anticipado por todo el mundo. Tenía que someterme a una operación y dejar de tomar.

Adopté como propia una frase que me dijeron y era en torno a que mi organismo no podría soportar una gota más de alcohol o podría morir.

LA MIRADA

Es justo ahí, en esos momentos cuando al cerrar mis ojos veo en mi mente y corazón cómo se abren los ojos de mi hija Triana, esa mirada es la que hace que abra mis propios ojos y decido ir al quirófano. Lo que hasta ahora ningún toro ha logrado hacer. Comienzo así a alistarme para ser director y maestro de la escuela taruina.

Ahora mismo hay cinco niños que a diario ríen, viven, juegan y sueñan con ser toreros. Ya no hay soledad y sí responsabilidad de inculcar lo que a mí se me enseñó, los valores y respeto al toro y la fiesta brava.

A la mano de ellos y sin yo saberlo, comienza a despertar aquel niño que algún día le dijo a don Víctor Huerta que quería ser torero y que sería el mejor, ahora ya en el cuerpo de un adulto.

EL RESURGIR

Así, entrenado diario, riendo, jugando al toro, voy recordando quién fui en mi infancia, quién he sido, quién soy y lo más importante, quién quiero ser.

Ir a las plazas de toros y volver a ver en las ganaderías a su majestad el “toro” ponen candado a una etapa tormentosa donde los demonios con nombres de soledad, tristeza, impotencia, miedo y mucho más quedan encerrados.

Ahora comienzo una nueva etapa de mi vida en la que el poder del sueño de un niño resurge y como mi padre me decía, algún día llegarás a ser un árbol muy grande y frondoso que darás buena sombra, con raíces fuertes y  un tronco que albergará tu corazón. De ahí saldrán muchas ramas y darás buena sombra.

Llegué a creer que las circunstancias y golpes de la vida me habían talado y arrancado desde la raíz, echándome a la indiferencia y fracaso a un lado del camino. Pero ahora sé que mi tronco sigue vivo y solamente me podaron. Gracias por tomarte el tiempo de leerlo. Dios te bendiga.

Atentamente

Matador de toros Alberto Huerta.