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Protagonismo de los jueces de plaza

Protagonismo de los jueces de plaza

Por el simple hecho de lucir el nombramiento, algunos muestran incapacidad para saber evaluar de manera sana y con criterio la actuación de un torero

 

ADIEL ARMANDO BOLIO

 

Como se sabe, al reanudarse la actividad taurina ahora en la ciudad de Teziutlán, Puebla, en su coso techado “El Pinal”, con motivo de sus fiesta en honor a Nuestra Señora de la Asunción y contra todos los pronósticos pesimistas, hemos tenido que padecer la actuación protagónica que se presta para ser juez de plaza, como lo es don Antonio Macías, quien de verdad no supo aquilatar la actuación del matador de toros José María Macías en el segundo astado de su lote, de la dehesa de El Junco, pues cuando se había ganado una oreja a ley, a pesar de un pinchazo, no se la otorgó y ello obligó al diestro a regalar un toro para lograr su objetivo, que era salir en hombros por la Puerta de El Carmen.

Por ello, hablando de esas llamadas máximas autoridades en una plaza de toros, algo parecido aconteció en dos cosos los recientes sábado 31 de julio y domingo 1 de agosto, es decir, en el de “La Florecita” en el Estado de México y en el “Jorge ‘Ranchero’ Aguilar” de Tlaxcala, respectivamente, siendo el perjudicado por el mal juicio de quien supuestamente dirige el rumbo de los festejos taurinos, el novillero queretano Juan Querencia, pues tuvieron la fortuna de ver sus faenas en ambos ruedos señalan que bien hubiera merecido “tocar pelo” en ellos.

Cabe señalar, según se comenta, que en las dos plazas, en “La Florecita” y en la “Jorge ‘Ranchero’ Aguilar”, Querencia dejó evidencia de sus avances en el desarrollo de su trayectoria tanto con el astado complicado como con el que se dejó torear, o sea, como sucedió en la primera con el astado de Marrón y en la segunda con el ejemplar de De Haro, inclusive en este último, tras la faena, luego de la evidente petición que ignoró el “juececito”, dio una vuelta al ruedo con sabor a triunfo acompañado del ganadero don Antonio de Haro.

Y así como le ha sucedido a Juan Querencia le pasa a cualquier novillero y matador de toros. Así que, con todo respeto a los jueces, sean más realistas y analíticos para evaluar a un torero en el ruedo, no quieran pecar de puristas y querer ser más “papistas” que el Papa. Dice por ahí el refrán: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Por eso a ellos les recuerdo que “Cuando la inteligencia humana y la irracional belleza animal se conjugan en la arena ¡surge el toreo! Arte y bravura en escena”.

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