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Quieren ser toreros para salir de pobres; Peláez ‘se ganó’ a volteretas un capote; Nava estudia secundaria y trabaja de albañil
Alumnos de la Escuela de Tetla.

Quieren ser toreros para salir de pobres; Peláez ‘se ganó’ a volteretas un capote; Nava estudia secundaria y trabaja de albañil

Gustavo Mares

Apenas abandonan la niñez para dar paso a la adolescencia. Sin embargo, en carne propia han sentido los estragos de la pobreza. Marco Peláez y Daniel Nava ‘El Pintas’ son tlaxcaltecas. Viven en distintos municipios, pero confluyen en la Escuela Taurina de Tetla, donde se preparan bajo la atenta mirada del diestro José Luis Angelino, quien los entrena con mano firme.

En alguna ocasión en una finca del altiplano, propios y extraños, atestiguaron cómo estos toreros no tuvieron una tarde ‘afortunada’ en el tentadero, lo que les llevó a regresarse a pie de la finca hasta sus respectivos hogares, ante el gesto serio y adusto de Angelino, quien en esos momentos podría parecer de piedra.

Coinciden, cada uno con sus palabras, en que quieren ser toreros para ganar dinero y salir de la pobreza. Aunque mantienen sus estudios académicos ven en la profesión de lidiar reses bravas el camino de ‘ser alguien en la vida’.

MARCO PELÁEZ

El chaval Marco Peláez tiene doce años de edad. Su padre probó fortuna como novillero y actualmente es carnicero. Él es ‘el hermano de en medio’. Tiene dos. ‘Quiero ser torero para ser alguien en la vida. Pasarte al toro cerca es lo mejor del mundo. Deseo ser rico, pero a mi manera, haciendo lo que me apasiona’.

Una ocasión, en Rancho Seco, tuvo oportunidad de torear delante del diestro español López Simón. En esa casa ganadera todo se lidia muy serio y ese día no fue excepción. El astado lo prendió muchas veces, pero Peláez no se arredró. El diestro español reconoció su enorme afición y le obsequió el capote de brega que usó aquel día. ‘Para que lo utilices cuando estés más grande’, recuerda Marco, quien contiene un ‘nudo en la garganta’.

Pero no todo ha sido bonito. Varias veces, junto a su compañero, los han corrido de las ganaderías, pero no lo afecta y dice ‘eso me obliga a dar todavía más de mí’.

DANIEL NAVA

Se llama Daniel Nava pero lo apodan ‘El Pintas’. La razón es clara. En más de una ocasión se ha brincado la barda de la escuela para faltar a clases. Sin embargo no ha reprobado. Tiene trece años y cursa primero de secundaria.

‘Quiero ser torero para dejar de ser pobre. Le quiero comprar una casa a mi mamá. Siempre he soñado depender de mí mismo, de ser alguien en la vida’, dice.

Queda claro que su situación económica no es boyante. A su corta edad, a la par de estudiar, suele trabajar como albañil. ‘Hay que ayudar en casa. Afortunadamente jamás nos ha faltado de comer, pero hay que trabajar’. Para poder alcanzar sus sueños trabajó en varias construcciones en las que además de conseguir dinero para casa, pudo ahorrar para comprar sus avíos.

Al igual que su compañero habla con gran emoción. Sus palabras contagian el sentimiento que llevan. Admirador de José Tomás sueña con alcanzar las grandes alturas de la tauromaquia.

‘COMO LOS DE ANTES’

Resulta gratificante que hoy, en pleno Siglo XXI, todavía exista toreros ‘cómo los de antes’.

Tanto Marco como Daniel suelen llegar a las ganaderías a pie, cuando no hay transporte. ‘Llegan porque llegan’. Actitud que contrasta hoy día con la de muchos jóvenes toreros que arriban a las fincas en camionetas último modelo y costosos avíos nuevos.

Platicar con estos dos chavales, más allá de lo que el destino les deparare, trae a la memoria aquellas biografías de enormes toreros mexicanos como Luis Castro ‘El Soldado’, Luis Procuna o Lorenzo Garza, que abrazaron la profesión taurina por vocación, pero también para salir de la pobreza, y quien se juega la vida, sin lugar a dudas, tiene derecho a ello.

*EL DATO*

LAS RAZONES DE ANGELINO

El diestro José Luis Angelino, director taurino de la Escuela Taurina de Tetla, Tlaxcala, en más de una ocasión, cuando lo amerita, ha sido muy duro con ambos chavales y con el resto de los alumnos. ‘Así es esta profesión’, reconoce el torero, quien agradece públicamente el apoyo del presidente municipal de Tetla, Eleazar Molina, a la Escuela Taurina.

‘Ha habido ocasiones que se han regresado a pie, así como llegaron, porque en el tentadero no estuvieron bien y saben que todo lo que un torero se gana es en el ruedo’, señala.

Más allá de su papel de maestro, el valiente torero confiesa: ‘En lo personal te puedo decir que cuando me pongo duro con ellos por dentro se me parte el corazón, pero así es esta profesión. Sólo así’.

Cuando ha tenido ocasión de apoyarlos lo ha hecho. De alguna forma se ve reflejado en ellos: ‘Me recuerdan mucho a mis inicios, mis motivaciones. La verdad es que me veo reflejado en ellos. Le van fuerte al toro. Alguna ocasión echaron un toro de 400 kilos y le salieron. Tienen posibilidades, pero eso solo con el tiempo. Dependerá de la vocación y la disciplina de cada uno de ellos’.