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SEBASTIÁN, FORJADO en FUEGO se abre paso en México (*Fotos*Se recomienda discreción*)

SEBASTIÁN, FORJADO en FUEGO se abre paso en México (*Fotos*Se recomienda discreción*)

*Fotos: Cortesía

Físicamente aún no alcanzaba la edad adulta, pero su carácter a los 16 años ya se había forjado como tal. Acostado sobre la fría y metálica plancha de operaciones, el novillero español Sebastián se observaba el muslo derecho abierto en canal al tiempo que la sangre no para. ‘Cornada de femoral’ decían alarmados los médicos.

‘Duele mucho, físicamente es difícil. Pero eso pasa a un segundo plano, puede sonar increíble pero uno puede controlar el dolor. El poder está en la mente. Yo me veía la pierna y me hacía ilusión vivir para presumir la cornada, para portarla con orgullo. Sabía que me pondrían muchos puntos de sutura, traigo 47 en esa herida. Es una cornada de femoral, de torero. Me atravesó el muslo’, recuerda el hispano, que actualmente cuenta 18 años de edad.

Ese ‘femoralazo’, que sufrió en el pueblo de su abuelo, no fue su ‘bautizo de sangre’. Por increíble que suene, antes ya había sufrido en carne propia la dureza de la fiesta brava, pero la arraigada vocación que atesora le lleva a sobreponerse a todos los obstáculos.

‘Mi primera cornada fue en la rodilla. Tenía ocho años de edad’, recuerda Sebastián, quien fue ‘inoculado del virus de mal de montera’ por su abuelo, quien en sus años mozos probó fortuna como novillero.

‘DE ESPEJO’

Un año después, aquí en nuestro país, Sebastián sufrió una dura ‘cornada de espejo’, esas que todos los días basta una mirada al reflejo para recordarla. ‘Fue en el campo bravo tlaxcalteca donde sufrí una cornada en el rostro, ese fue oficialmente mi bautizo de sangre, porque lo de un año antes si bien fue cornada, la del rostro fue especial’.

Apenas adulto ante las leyes de nuestro país, la geografía de su cuerpo está trazada con las huellas de otros percances. A los trece años de edad sufrió una cornada en el brazo izquierdo, mientras toreaba en territorio lusitano.

Sin embargo, fue a los 16 cuando el destino le puso las pruebas más duras. En Portugal sufrió una cornada en el muslo derecho; dos meses más tarde en Salvaleón, España, sostuvo un importante mano a mano en el que sufrió el ‘femoralazo’.

‘Era una tarde de gran responsabilidad y había que salir a dejarlo todo. Siempre preferible salir así de una plaza que sin el triunfo’, señala con firmeza.

Un año después sufriría una cornada en el abdomen.

UN SOLO OBJETIVO

Sebastián habla con gran pasión de la tauromaquia. Aunque está dedicado a su profesión taurina y actualmente radica en Tlaxcala, aunque pronto podría mudarse a Pachuca, el hispano cursa online la carrera de administración de empresas. ‘En un futuro, con dinero del toro, me gustaría poner una empresa taurina. Por eso decidí estudiar administración de empresas. Soy torero y si esto, además de darme una mejor formación como persona me ayuda en mis planes taurinos, qué mejor’, apunta Sebastián, quien se anuncia así, sin apellido, inspirado justo en la manera en que se hace presentar el torero en el que basa su tauromaquia… Sí, el de Galapagar.

JOSÉ TOMÁS

El novillero español Sebastián reconoce que su tauromaquia está influenciada por José Tomás, torero a quien admira y de quien goza su amistad ‘gracias a que mi abuelo es su vecino. Ellos llevan amistad y el maestro me ha favorecido de la misma manera’, comenta.

‘Incluso me ha obsequiado algún capote. Cuando caí herido por lo de la femoral hablé con él’, confiesa.

Alguna ocasión tuve oportunidad de platicar con Antonio Corbacho, quien apoderó a José Tomás y a Alejandro Talavante. El legendario representante solía inculcarle a los toreros la idea de que son como samuráis, ya que esos míticos guerreros japoneses iban gustosos y gallardos a enfrentar su destino aún a costa de su propia vida.

‘Alguna ocasión escuché al maestro decir que es preferible la cornada a echar el pie para atrás. Es difícil ponerse en ese terreno donde queman los pies, pero es ahí donde están el dinero, la fama y la fortuna… aunque claro, también las cornadas, pero estas son al final del día medallas de guerra’, dice un torero que sabe de lo que habla.

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