TEXTO Y FOTOS DE EMILIO MÉNDEZ
PAMPLONA (Navarra), España. Martes 5 de julio.- Comenzaba la Feria de San Fermín con el habitual gran ambiente de Pamplona y con una novillada de El Parralejo, hierro que se ha convertido en el habitual de los utreros en La Monumental y de la que al final salió en hombros el mexicano Luis David Adame al cortar tres orejas. Sus alternantes, el local Javier Marín y el francés Andy Younes se fueron de vacío.
Con faroles de rodillas se presentó en el primero Javier Marín, quien mostró así su tarjeta de visita y anunciaba la actitud que iba a mantener. El novillo embistió con ritmo en las chicuelinas del quite de Adame. En la muleta tuvo profundidad el de El Parralejo y mucha voluntad Marín de cuajar una faena asentada pero surgieron las urgencias lógicas de la necesidad de triunfo en el inicio de faena. Se fue asentando el navarro, mimando cada vez más la clase que derramaba el utrero. Entrega en Marín, quien se empeñó en hundirse en la arena para torear y en que no quedasen dudas de su valor y su ceñimiento, que alcanzó su cénit en el final por joselillinas pero pinchó en primera instancia, sonó un aviso y la estocada posterior no dio más que para una vuelta al ruedo.
Altón y despegado del suelo era el basto cuarto, también jabonero y también recibido de rodillas por Javier Marín, esta vez en larga cambiada. Con las mismas ganas tomó el trapo rojo el navarro, quien vio cómo llegaba rebrincado el de El Parralejo. Tuvo paciencia para esperarlo, al ver que se vino a menos y pulsó para que llegase más atrás el renuente animal, con un oficio que extraña en un chaval que toreaba su segunda novillada del año. Supo llegar al tendido mucho más que la condición del animal, que tuvo nobleza por toda virtud. Muy reposado y con sabiduría trazó al natural que consiguió que le diese el novillo su mejor versión a base de tratarlo con suavidad y torear siempre para él. Esta vez sí metió la espada pero tardó en caer el animal, sonó un aviso y en ovación quedó una actuación merecedora de un trofeo.
Al castaño segundo le faltó rebozarse al acometer las telas de Adame, quien tuvo seguridad y firmeza con el capote para imponerse desde el principio a la informalidad de salida. Volvió a quitar por chicuelinas con mucha quietud y la mano muy baja, brillante el mexicano. Muy asentado desde los estatuarios del inicio, refrendó Luis David las expectativas puestas en él a base de valor y seguridad, tanto en las plantas como en las muñecas, con las que no tardó en cogerle el pulso al áspero castaño. Supo darle trapo sin mácula al celo y mostrarse muy sólido en su concepto valeroso de no entregar nunca la cuchara. Incluso tuvo pinturería en los remates al final del trasteo, perfecto en la técnica. Un espadazo contundente precedió al paseo de la oreja.
El saludo de Luis David Adame al quinto fue una clase de firmeza y de suavidad en el manejo del capote, sin poner un mal gesto ante la chispa de cierto genio con la que llegaba el jabonero. Con quietud quitó Younes por caleserinas y más quieto aún se quedó Adame en las zapopinas. A los medios se fue el mexicano para pasárselo por la espalda, siempre comprometido y seguro. Por delante y por detrás, con la derecha y con la izquierda, mostró que está un paso por delante de la competencia en su escalafón en inteligencia y en sabiduría. Conectó, además, con el público, que supo valorar la verdad con que lo hizo todo. Tanta que a punto estuvo de llevarse una cornada en una colada inesperada del jabonero, que le soltó la cara en el mismo embroque sin que tuviese oportunidad de escaparse. Enorme fue la sensación de madurez, inusitada en un novillero tan joven. Como el desparpajo con que ejecutó la estocada recibiendo, pelín desprendida, pero suficiente para descerrajar la Puerta Grande de Pamplona con un doble trofeo.
Con verticalidad y empaque saludó a la verónica Andy Younes al tercero, un jabonero sucio con hechuras de toro que le humilló con entrega. Destacó el quite de Javier Marín por gaoneras y con mucho ajuste. Con la muleta en la mano izquierda se fue a los medios el galo sin probaturas para aprovechar el gran pitón zurdo. Vertical siempre, metido en la faena, buscó la largura y el enganche preciso pero se fue apagando el animal y tuvo que buscar los terrenos de cercanías. No fue igual con el acero y emborronó con la espada un trasteo de muchos quilates. Se atascó con el descabello y tuvo silencio.
Mucho más abierto de palas que sus hermanos fue el sexto, que tuvo, sin embargo, mucha humillación en el percal que volvió a manejar con mucha solvencia a la verónica Andy Younes. Se gastó el animal en los primeros tercios. Ese defecto marcó la faena de muleta porque impidió el muletazo completo y la colocación para ligar, a pesar de la sinceridad y el compromiso con que siempre afrontó todo el trasteo. Tuvo valor seco, firmeza y confianza en sus virtudes con el deslucido Parralejo, que le dio un par de sustos sin que mudase el gesto. Supo estructurar y aplicar soluciones a los problemas y supo andar por encima de ellos pero su forma de ejecutar la suerte suprema debe mejorar de inmediato.
FICHA: Plaza Monumental de Pamplona. Feria de San Fermín, primera de abono. Novillada. Tres cuartos de entrada. Utreros de El Parralejo, serios de presencia. De gran clase, fondo y ritmo el gran primero; áspero pero repetidor el castaño segundo; de buena calidad a menos el jabonero tercero; renuente con fondo el noble cuarto; de informal movilidad el quinto y deslucido el sexto. Javier Marín: Vuelta tras un aviso y ovación tras un aviso. El mexicano Luis David Adame: Una oreja y dos orejas, con salida en hombros. Andy Younes: Silencio y silencio tras un aviso.
*Texto y fotos EMILIO MÉNDEZ/Suertematador.com





