Padilla ‘envenenó’ a Santoyo siendo aún niño

Fotos Kenia Santoyo

A sus once años de edad, Salvador Santoyo, quien cursa sexto de primaria, no sabe qué carrera estudiará, pero de algo sí está seguro: Quiere ser torero. Apenas este fin se semana debutó como becerrista en el sureste de nuestro país, después de actuar con éxito en el centro de la República Mexicana.

Fue su primer viaje en avión para torear. Es un niño callado y reservado. Sin embargo, cuando le dijo a sus papás que quería abrazar la profesión de torero habló claro y fuerte.

A su familia le asombra pues no saben de dónde le vino la afición. Quizá algo que vio por televisión, pero no hay un dato exacto. Sólo que un día Chavita, como le dicen sus más allegados, cuando contaba dos años de edad, comenzó a pegar pases con una toalla. ‘Hasta a la mascota toreaba’, recuerdan en su familia.

Un día lo llevaron a la Plaza México y como si estuviera predestinado comenzaron a eslabonarse una serie de bonitos acontecimientos. Primero, le concedieron el deseo de comprarle un traje de luces, de esos que hay afuera del coso de Insurgentes.

Una de esas tardes le tocó ver al jerezano Juan José Padilla, quien recorría triunfalmente el ruedo, cuando se percató de un niño vestido de luces que le aplaudía a rabiar. El maestro español, hoy en el retiro, no dudó en invitarlo a dar la vuelta al ruedo, lo que ‘inoculó el virus del mal de montera’ en Salvador, quien poco tiempo después ya convertido en ‘ista’ del hispano recibió un brindis suyo en la Plaza México. Justo en ese momento ‘terminó de envenenarse’.

 

LAS 24 HORAS

‘A partir de ahí, no deja de comer y soñar toros. Fue cuando nos dijo que quería vestir de luces’, confiesa el entorno del torero en ciernes. Pese a su vocación taurina, Salvador, a quien le gusta promover la tauromaquia a través de las redes sociales, debe tener buenas calificaciones para contar con el apoyo de sus papás.

Tuvo la oportunidad de encontrarse en el camino con el diestro Alfredo Gómez ‘El Brillante’, quien le ha ido enseñando el ‘a-b-c’ del toreo.

Aseguran expertos que la habitación de una persona habla mucho de ella y seguramente es cierto, porque en la de Santoyo hay 32 ‘trajes de luces’ que usó cuando era muy niño. Es un cuarto repleto de fotografías, que exhibe con orgullo más de cien orejas que le han obsequiado diversos matadores de toros.

Y aunque es ‘hombre de pocas palabras’, Santoyo asegura que ya no aceptará más trofeos, porque a partir de este momento exhibirá en esas paredes, con gran orgullo: ‘Las orejas que me gane en las plazas de toros’.