El novillero mexiquense Christian Antar estuvo de visita en esta redacción. Aprovechó que viajó a la Ciudad de México para hacer acto de presencia. Actualmente radicado en León, lucha por abrirse paso como torero.
Debutó como novillero el 21 de marzo de 2015 en Aculco, Estado de México. Su afición taurina proviene de su abuelo, Rodolfo Acacio, quien vistió de luces e incluso tuvo oportunidad de torear en la Plaza México, aunque no pudo tomar la alternativa. Desafortunadamente, hace no mucho tiempo dejó de existir.
‘Por eso vine a la Ciudad de México. El deceso de mi abuelo fue el motivo. Aunque ya pasaron semanas de su partida, me quedé aquí para cumplir su última voluntad: que sus cenizas fueran esparcidas en el lienzo charro de Naucalpan, porque ahí debutó de luces y fue una de esas tardes la que lo catapultó al coso de Insurgentes’, recuerda Antar durante su visita a esta Casa Editorial.
Al día de hoy suma alrededor de sesenta festejos. Pero hubo un momento en el que la actividad decreció considerablemente. ‘La pandemia nos afectó a todos. Eso perjudicó la continuidad que se llevaba’, confesó.
A sus 26 años de edad, Antar considera que ya es momento de tomar la alternativa. ‘Aunque aparentemente llevo varios años en las filas menores, no hay que olvidar la pandemia. Por ejemplo, mi presentación en Aguascalientes se aplazó por la crisis sanitaria. En escenarios como Guadalajara sólo he toreado una vez’.
‘Me han ofrecido la alternativa, pero en lugares muy alejados del centro del país. Mi intención es tomarla en el Bajío o en alguna plaza del centro de la República Mexicana, porque los aficionados que me siguen tendrían más facilidad para acudir a la plaza’, confiesa.
Dedicado en cuerpo y alma a la profesión de torero, Antar se gana la vida en León como instructor de equitación, pues los caballos son otra de sus más grandes pasiones.
‘De niño estudié equitación e incluso tuve oportunidad de concursar en certámenes internacionales, pero lo que más me atrapó fueron los toros. Me gusta ser torero, pero ahora mismo mientras llega el dinero en esta profesión me gano la vida entrenando caballos y enseñando a montar. En León las condiciones están dadas para eso’, comparte Cristian, quien actualmente forma parte del Centro Taurino de Alto Rendimiento en la ciudad ‘donde la vida no vale nada’.



