La Plaza de Toros «Cinco Villas» en San Vicente Chicoloapan, Estado de México, abrió sus puertas para un festival taurino que desbordó afición y emoción. Bajo el cielo mexiquense, los actuantes entregaron el alma en el ruedo, dejando pinceladas de arte y valor que el público jaleó con entusiasmo en una jornada marcada por la camaradería y el espíritu de la fiesta brava.
Los novillos de Montecristo y Pepe Garfias, de juego desigual, pusieron a prueba el temple de los toreros, pero no apagaron la chispa de una tarde inolvidable.
Abrió plaza el diestro local Miguel Ortas ‘Miguelete’, quien, con la maestría que lo distingue, demostró por qué la casta corre por sus venas. Como presidente de la Unión Mexicana de Toreros, su oficio brilló ante el astado, regalando momentos de torería que confirmaron su amor por la profesión. El público, testigo de su entrega, reconoció su labor con cálidos aplausos.
El capitalino Luigi Mercury enfrentó un novillo complicado que puso a prueba su valentía. Con lances cadenciosos de capa y muletazos poderosos por ambos pitones, domeñó al burel en una faena vibrante. Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada: un susto en forma de fuerte revolcón estremeció a la concurrencia. Afortunadamente, el percance no pasó a mayores.
Aunque los aceros no fueron su aliado, fallando en la suerte suprema y escuchando dos avisos, el público premió su arrojo con palmas generosas.
Ramsés Silva, fiel al adagio de que «quien tiene, retiene», desplegó una actuación que resonó en el tendido. Su faena, llena de garra, le valió una clamorosa vuelta al ruedo, coreada por una afición entregada.
Por su parte, Christopher Morales enfrentó el silencio, pero su esfuerzo no pasó desapercibido en una tarde en la que la lucha fue constante.
Alejandro Moreno «Castelita», apoderado por el diestro Luis Gallardo, dejó una grata impresión con su toreo. Sin embargo, la alegría se tiñó de preocupación cuando una lesión lo llevó al hospital para descartar daños mayores. La afición contuvo el aliento, deseándole una pronta recuperación.
El momento cumbre llegó de la mano de Salvador Santoyo, alumno de Alfredo Gómez ‘El Brillante’. Este joven aspirante a becerrista chintololo, con una vocación taurina que le bulle en el alma, conquistó al público con una faena cargada de verdad. Su entrega le valió la única oreja de la tarde, un trofeo merecido que lo coronó como el triunfador del festejo.
En un gesto que enaltece los valores de la tauromaquia, Santoyo, ya consagrado como el héroe de la jornada, visitó a su compañero lesionado, demostrando que la hermandad trasciende el ruedo.
Fue una tarde vibrante en Cinco Villas, donde la fiesta brava se vivió sin cortapisas, como debe ser. Más allá de los resultados artísticos, el festejo fue un canto a la pasión, al valor y a la unión de una afición que mantiene viva la tradición taurina.

































