Salvador Santoyo, el otrora niño torero que cumplirá su sueño en Apizaco

Foto: VIDEO y OSCAR MIR ‘MIRANDO EL ARTE’

Con la ilusión de un niño que soñó frente a la puerta de toriles, Salvador Santoyo, a sus quince años, dará un paso trascendental en su incipiente carrera taurina. Este viernes, la Monumental de Apizaco será testigo de su debut como novillero sin caballos, un momento que marca el inicio de un sueño que ha llevado en el alma desde la infancia.

En el marco de la Copa Pana, el joven torero de la Ciudad de México vestirá de luces por primera vez, un hito que lo unirá al arte taurino con la pasión que lo define. Acompañado de David Rocha, Carlos Valencia y Antonio Peláez, Salvador enfrentará un encierro de la prestigiosa ganadería De Haro, propiedad de Antonio de Haro González, cuya solera promete una tarde memorable.

La entrada, libre para el público, resonará con los acordes de parches y metales a partir de las siete de la noche.

La historia de Salvador Santoyo trasciende el ruedo. Desde pequeño, su figura menuda, ataviada con un traje de torero, se convirtió en un símbolo de devoción en las plazas, sobre todo la México.

Cada domingo, “religiosamente”, como recuerdan quienes lo conocen, se colocaba junto a la puerta de toriles, un gesto que para la afición era una curiosidad, pero para él, una declaración de su vocación. “Chavita”, como lo llaman sus allegados, transformó ese anhelo infantil en un compromiso firme con la tauromaquia.

Un encuentro marcó su destino. El matador Juan José Padilla, hoy retirado, lo invitó a dar una vuelta al ruedo en un gesto que sembró en Salvador el “virus del mal de montera”. Aquel momento encendió una chispa que nunca se apagó.

Bajo la guía de Alfredo Gómez “El Brillante” y con una preparación meticulosa, el joven torero llega a Apizaco listo para debutar en una plaza de relevancia, frente a un encierro de abolengo.

Para esta ocasión, Salvador estrenará un terno obsequiado por su mozo de espadas, Fernando Monroy, quien lo acompaña en este camino. Sin Ascético, el joven no vestirá de oro ni de plata, pues para él la tauromaquia es más que un oficio: es un apostolado, una misión que lleva con humildad. “Ya llegará el momento de vestir de plata y luego de oro. Un paso a la vez”, expresó Salvador con la ilusión que lo impulsa, consciente de que este debut es apenas el comienzo de un sueño que apenas empieza a vivir.

El coso de Apizaco espera, con su historia y su mística, para ser testigo del nacimiento de una nueva promesa taurina. Salvador Santoyo, aquel niño que soñaba al borde del ruedo, está listo para escribir el primer capítulo de su propia leyenda.