El Legado de Joselito Adame: Torero que Marcó Época
Por El Viejo Gruñón
El anuncio del retiro de Joselito Adame, con su última actuación programada para el 13 de agosto en Huesca, España, cierra un capítulo glorioso en la tauromaquia mexicana. Durante 26 años, este torero hidrocálido no solo llevó el nombre de México a las plazas más exigentes del mundo, sino que redefinió lo que significa ser un matador en una era de retos para la fiesta brava.
Su legado, tejido con valor, arte y resiliencia, merece una reflexión profunda sobre lo que deja tras de sí.
Adame, nacido en Aguascalientes, irrumpió en el toreo con una alternativa triunfal en Arles, Francia, en 2007, cortando tres orejas. Desde entonces, su carrera fue un torbellino de éxitos: más de 600 corridas, 20 orejas en Mérida, una estocada premiada en San Isidro 2015, y el título de triunfador de la Temporada Grande en la Plaza México en 2016.
Pero su grandeza no se mide solo en trofeos. Joselito fue un torero que enfrentó la adversidad con la frente en alto, desde cornadas graves hasta tardes aciagas como la polémica del toro con alambre en Mérida en 2022, donde, a pesar de la controversia, mostró su profesionalismo al cortar una oreja.
Lo que distingue a Adame es su capacidad para conectar con públicos diversos. En Las Ventas, escenario en el que lidió 18 veces, demostró que un mexicano podía codearse con la élite del toreo español, incluso si la Puerta Grande se le resistió.
Su faena en Sevilla bajo la lluvia, cortando una oreja, o su rabo en Nîmes junto a José Tomás, son estampas de un torero que no temía los retos.
En México, su presencia en la Plaza México tras su reapertura en 2024 simbolizó la resistencia de una tradición amenazada por prohibiciones y debates éticos.
Sin embargo, su carrera no estuvo exenta de sombras. La tarde de Mérida en 2022, con el toro “Don Fernando” manipulado con alambre, manchó una actuación que pudo haber sido memorable. Aunque Adame afirmó no haber notado la irregularidad, la controversia dejó un regusto amargo entre los aficionados, que exigían transparencia.
Asimismo, tardes de silencio en plazas como Sevilla o León recordaron que el toreo es un arte implacable, en el que incluso los grandes enfrentan días grises.
El legado de Joselito Adame trasciende las estadísticas. Fue un torero que llevó la tauromaquia mexicana a un escenario global, demostrando que el valor y la técnica no conocen fronteras. Su retiro, a los 36 años, sorprende por su temprana edad, pero refleja una decisión meditada, quizás motivada por el deseo de cerrar su carrera en la cima. En un momento en que la fiesta brava enfrenta cuestionamientos, Adame deja un mensaje claro: la tauromaquia es arte, sacrificio y pasión, y su supervivencia depende de quienes la defienden con autenticidad.
Mientras los aficionados nos preparamos para despedirlo en Huesca, queda la certeza de que su nombre resonará en los anales del toreo. Joselito Adame no solo fue un torero; fue un símbolo de México en los ruedos, un hombre que toreó con el corazón y dejó un legado que inspirará a generaciones.
Que su última faena sea un canto a la fiesta brava, un adiós digno de su grandeza.



