¡La tragedia rondó como sombra fatal en la ganadería tlaxcalteca de Jaime Rodríguez! El criador abrió con generosidad las puertas de su tentadero para que tentaran astados de Saúl Rodríguez, todos astifinos y cargados de bravura. Allí, en el ruedo, el diestro Luigi Mercury y su director técnico, el matador de toros en retiro José Luis Herros, se enfrentaron a la nobleza y al peligro de los astados tlaxcaltecas.
Los bureles, bravos, enrazados y astifinos hasta la médula, desataron una emoción salvaje, una danza mortal que hizo vibrar el aire.
Pero de pronto, el destino golpeó con saña: cuando José Luis se disponía a ejecutar un quite magistral, un tropiezo lo traicionó. El astado no perdonó.
Un derrote certero, brutal, penetró cinco centímetros en la barbilla, con rumbo directo al cuello… ¡apenas un centímetro separó la vida de la muerte! El pitón llegó a un centímetro la carótida, un suspiro del abismo.
En ese instante de puro horror, Luigi Mercury, colocado como un ángel guardián, ejecutó un quite providencial y corrió en auxilio de su maestro herido. Mientras sostenía al caído, las manos temblorosas marcaron las llamadas urgentes. ¡La ambulancia, la salvación y esta fue la camioneta del propio Mercury, que pisó el acelerador a fondo!
Trasladado de emergencia al Hospital Central de Apizaco, José Luis Herros quedó bajo el bisturí experto del doctor José Antonio Zamora Lomelí. El veredicto heló la sangre: “Tuvo mucha suerte… un centímetro más y estaríamos hablando de una tragedia irreparable”.
Con la intervención quirúrgica superada y la cuenta saldada por Mercury, la cuadrilla al completo, el maestro de la lente Ángel Sainos, Luigi Polanco, Benji Mercury y el mozo de espadas ‘El Tequililla’, incluidos, regresó a la Ciudad de México, con el corazón en vilo pero la vida intacta.
Hasta el terrible momento, Luigi Mercury había desplegado un toreo poderoso, forjado en los consejos sabios de Herros.
Y el maestro, aun herido, demostró que ‘el que tiene, retiene’. Pese al terror vivido, José Luis Herros, el torero de Peralvillo, vivirá para contarla. Y del otro lado de la moneda, Mercury no solo se consagró como torero de raza… sino como un amigo leal, un hermano en la verdadera hermandad del toreo.











