En una tarde soleada y calurosa, con los primeros asomos de la primavera, la Plaza de Toros Nuevo Progreso de Guadalajara acogió la quinta corrida de la Feria de Aniversario 2026. Los toros de la ganadería de Tequisquiapan, con un promedio de 536 kg y bien presentados, salieron aplaudidos al arrastre, aunque el encierro no terminó de cuajar en bravura ni en transmisión para permitir una faena mayor.
La entrada fue floja, apenas poco más de un cuarto de aforo, lo que reflejó una asistencia modesta para un cartel de entrega y proyección como el formado por Leo Valadez, Jesús Enrique Colombo y André Lagravere “El Galo”.
Leo Valadez, vestido de rojo y azabache, abrió plaza con voluntad. Cumplió en los tres tercios del toreo de capa y mostró disposición al invitar a sus alternantes a banderillar. Con la muleta se esforzó ante un primero voluntarioso, aunque sin fondo suficiente, logrando matar de estocada entera que le valió palmas. Su segundo toro también fue voluntarioso, pero el trasteo no conectó y se saldó con silencio.
Jesús Enrique Colombo, de vino y oro, destacó desde el inicio con verónicas que cubrieron los tres tercios del capote. En su primero firmó la faena más completa de la tarde por ambos lados, con series bien ligadas y temple, rematando con estocada entera que le permitió pasear la única oreja de la corrida. Con el quinto volvió a demostrar su calidad como banderillero, colocando pares al quiebre. En la muleta desarrolló tandas por ambas manos, aunque el toro no respondió con la misma intensidad; mató de estocada y escuchó palmas. El venezolano se erigió como el triunfador claro de la tarde.
André Lagravere “El Galo”, de azul marino y oro, mostró buen toreo de capa, cubriendo también los tres tercios. Con la muleta, ante su primero por derecha, ligó tandas de buena estética, pero sin premio mayor y con silencio como saldo. Cerró la corrida con un sexto toro que exigió esfuerzo extra; el francés se aplicó, pero necesitó cuatro intentos para lograr la estocada, terminando con silencio.
En resumen, una corrida de entrega y voluntad por parte de los espadas, pero condicionada por un encierro de Tequisquiapan que no alcanzó la chispa necesaria. Colombo, con su oreja y su salida al tercio en el quinto, se llevó los máximos honores en una tarde de más voluntad que arte mayor.



