Los empresarios de la corrida de toros que se dio en Xico, Veracruz, Paco Franco y Jorge Benavides, quienes fueron trasladados a la delegación de Coatepec, luego de un operativo a medio festejo, abandonaron las instalaciones alrededor de las cuatro de la mañana por falta de elementos en la acusación.
Al momento del traslado no fueron informados de los cargos que se les imputaban. Los organizadores tuvieron que firmar un par de cartas, una de lectura de sus derechos y otra de la salida ‘bajo las reservas de ley’.
La manera prepotente y arbitraria en que el Fiscal Especializado en Delitos Ambientales y contra los Animales, Andrés de la Parra, irrumpió en el festejo de Xico, en el marco de la tradicional feria, ha generado indignación y preocupación.
El funcionario llegó en compañía de elementos policíacos fuertemente armados. Antes de ingresar, y como si se tratara de un operativo contra el narcotráfico, subió a redes sociales un video en el que afirmó que era para evitar la ‘corrupción de menores’. Al mismo tiempo, en una muestra de su ignorancia en el tema, aseveró que en este tipo de eventos ‘se fomenta la violencia’. En la grabación aparece en compañía de elementos con armas largas y chalecos antibalas.
Quienes han tenido oportunidad de acudir a un festejo taurino darán cuenta de la inexactitud de esas palabras. A diferencia –por ejemplo- del futbol en el que las broncas antes, durante y después del partido son ‘el pan diario’, el público que acude a una corrida de toros es más parecido al de la ópera.
El proceso legal sigue su curso y los abogados de los organizadores trabajan al respecto. Para dar la tradicional corrida de toros xiqueña, los organizadores tenían la documentación en regla expedida por las autoridades competentes.
A reserva de que las autoridades demuestren que se violó el reglamento veracruzano que prohíbe la entrada a menores es preocupante que sea la clase política la que pretenda indicar a los padres de familia cómo educar a sus hijos.
Sobre los niños y la tauromaquia, el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, apunta: ‘Yo llevé a mis hijos a la plaza cuando eran pequeños y ninguno ha salido cruel, ni mucho menos, porque este es un espectáculo de creación de belleza como la poesía, la música y la novela’.
Y sobre el toro de lidia, el inconmensurable peruano, subraya: ‘Es un animal privilegiado, tratado con un inmenso amor desde que nace y hasta su lidia en el ruedo, aunque lo ignoren muchos animalistas. Es verdad que es una fiesta cruel, porque la verdad de la vida es cruel. Pero, ay, si se impusiera el vegetarianismo. Todo lo que tiene vida, incluidas las plantas, habría que respetarlo, y así terminaríamos los humanos alimentándonos con píldoras’.


