El matador de toros español Enrique Ponce mantiene el paso triunfal en su campaña de despedida. El valenciano actuó en la plaza hispana de Almería, donde cortó tres orejas.
La plaza registró tres cuartos de entrada para presenciar el primer festejo de abono ferial.
Se lidiaron toros de El Parralejo, que sustituyeron a los inicialmente anunciados de Daniel Ruiz y de Pérez-Tabernero. Desiguales de presencia y de juego. El mejor del festejo fue el jugado en segundo lugar.
Enrique Ponce, dos orejas y oreja; Juan Ortega, dos orejas y ovación; Andrés Roca Rey, dos orejas y oreja tras un aviso.
EL VALENCIANO
Enrique Ponce creó una faena en la que toreó con suavidad de capote para trazar un par de verónicas de ensueño.
El diestro de Chiva acopló al de El Parralejo con sus típicos doblones por la derecha hasta sacarlo a los medios. La doctrina poncista habla de tiempo y velocidad, todo en su justa medida, para componer una faena limpia y templada que dio paso a que el torero afincando en Almería tratara de lucirse al natural. De todas formas, la embestida reservona del castaño impidió su propósito.
Al cuarto, el de su despedida, el valenciano lo saludó con gusto para componer, con la franela, una faena cuajada a base de temple y sometimiento. Series que fueron saliendo a base de mucho mando, el habitual en el diestro figura del escalafón, con pasajes por ambos pitones.
Entregado y vaciándose en cada muletazo, acabó casi viendo lo nunca visto, no por las poncinas y sí por ponerse de rodillas. Con el público entregado, el acero no le permitió una respuesta a la medida de sus tardes en Almería, para dar paso a una liturgia de despedida que puso en pie hasta a los ‘antiponcistas’.



